viernes, 24 de febrero de 2012

La mente en blanco

Y así, como quien no quiere la cosa, se aleja Il Estatore de sus acólitos, instándoles antes a que se separen también entre ellos y a que pasados unos días se reencuentren en aquel mismo lugar. La idea, según el maestro, es que cada uno medite por sí mismo el tiempo que necesite y que poco a poco vayan volviendo, cada uno según su voluntad, al lugar indicado para reunirse y esperar a los más tardíos. El gran gurú calcula que su meditación no pasará de las dos semanas, que simplemente necesita un airearse. Sus discípulos viendo marchar al maestro se sienten apenados al principio, pero luego en lugar de hacer inmediato caso a su guía deciden montar una pequeña fiesta. Se organizan rápido y traen vino y alimentos de toda la comarca. La fiesta se alarga hasta el amanecer y tras mal dormir bajo la sombra de las viñas cada uno se lleva su resaca a cuestas.

El maestro está a millas de distancia; y más allá del lugar donde se encuentra su cuerpo, su mente está a años luz del planeta tierra. Ha dejado atrás el cinturón de Orión, se ha perdido más allá de las constelaciones reconocibles, entre supernovas, y se encuentra ya en una esfera diferente, en otro universo.

¿Esto es la paz?, ¿el nirvana? Un aleteo le devuelve a la tierra, es un grifo que viene a posarse a su lado para protegerle de los males del mundo mientras él se pierde en su meditar. Regresa sin pestañear a ese otro universo dentro de su cabeza.

Pasan las semanas, su meditar se ha alargado más de lo que pensaba y 40 días con sus 40 noches han pasado cuando regresa a lugar donde sus discípulos le esperan. Están todos, llevan semanas esperándolo. Al ver que habían pasado más de dos semanas habían organizado diferentes partidas para buscarle, todas ellas sin éxito. Un par de días antes habían regresado varios de ellos tras pasar 5 días fuera buscándolo en los rincones más recónditos de la comarca. ¿Cómo iban a encontrarle si él estaba en otro lugar, en otro universo? ¿Cómo iban a encontrarle si su cuerpo estaba custodiado por un grifo?

Tras los abrazos y las buenas palabras, todos se sientan en corro alrededor de una hoguera para explicarle al maestro sus días de meditación y su reencuentro. Todos han aprendido a vivir en soledad por unos días, a depender de ellos mismos, a procurarse alimento y bebida, a satisfacer sus apetencias y a reflexionar sobre ellos mismos. Todos dicen haber aprendido una valiosa lección. Cuando le preguntan al maestro qué es lo que él ha aprendido y qué es lo que ha hecho todo este tiempo, Il Estatore, con la mirada perdida, afirma: “Nada, nada de nada, no he aprendido nada y nada he hecho. Simplemente dejé mi mente en blanco, perdida en el infinito, durante todo este tiempo. No he tenido necesidades de ningún tipo, mi cuerpo se ha alimentado del vacío de mi mente, de mi estado cataléptico. Es lo que necesitaba”.

Así vagueó Il Estatore.