Tengo un recuerdo vago, algo difuso. Uno, dos o tres delfines jugueteaban en el agua de algo parecido a una piscina. Emergían tres cuartas partes de su cuerpo sobre la superficie del agua y marchaban hacia atrás mientras emitían singulares sonidos. Luego se sumergían al compás bajo el agua y giraban sobre sí mismos. Recuerdo acariciar el lomo de uno de ellos mientras otro seguía con su nado rotatorio. Recuerdo que el delfín al que acariciaba volvía una y otra vez con gráciles movimientos, y como la piscina ya no era un recinto cerrado. Uno de los delfines se me vuelve a acercar y se da la vuelta, nada boca abajo muy cerca de la superficie del agua. Un reflejo plateado ciega mis ojos durante un segundo, mientras mis manos acarician su piel suave y húmeda. Me siento bien en esa piscina sin límites, es ese océano calmo en el que nadar no me agota, rodeado de simpáticos delfines que vienen a mí haciendo cabriolas.Supongo que poco después me desperté de ese agradable sueño. A veces uno sueña y se despierta tal cual, sabiendo que ha soñado y recordando el sueño, más o menos sorprendido del poder de su imaginación o de su subconsciente, pero con el conocimiento absoluto de que el sueño no era nada más que eso, un sueño sin más. Otras veces, uno despierta con la total certeza de que lo soñado tiene un significado, ya sea como manifestación del subconsciente o como augurio, bueno o malo. No se trata sólo de que se sepa que lo soñado es algo tipificado en algún tipo de guía de interpretación de los sueños, a veces pueden soñarse cosas que se sabe o se intuye puedan tener algún tipo de descripción en tales documentos y sin embargo, uno entienda que se trataba de un sueño sin más. Se trata de que se sabe al despertar que lo soñado quiere decir algo, se sepa o no se sepa que eso pueda estar tipificado en algún lugar. Hablo del convencimiento absoluto de que lo soñado tiene un significado, hablo de un sentimiento intuitivo profundo. Tal es el caso de estos delfines de mi sueño.
Hace un tiempo soñé con otros delfines, eran negros y nadaban en libertad, dirección a la costa. Supe al despertar, recordando el sueño, que fue un simple sueño sin más. La noche previa había visto unos iguales en la televisión. Hace varios días tuve un sueño breve y un tanto escatológico, iba al baño y defecaba, defecaba mucho. Al despertar tuve la certeza de que soñar con defecar o con excrementos era uno de esos sueños que uno puede encontrar en las guías, de hecho la mente enfermiza de Freud algo había interpretado ya sobre el tema; sin embargo era plenamente consciente de que ese sueño nada quería decir, salvo que quizá simplemente tenía ganas de ir al baño. Hace un mes y pico soñé con una uña que se me rompía, quedaba partida, me la arrancaba sin sangre. Supe que algo significaba y busqué qué podía ser. No estaba claro, porque ninguno de los sueños descritos se ajustaba del todo a lo soñado pero planteaba dudas sobre mi salud y sobre la confianza en personas de mi entorno, podría decir que en estos tiempos difíciles algo de eso ha habido; lo de la salud es evidente, lo otro es más o menos discutible aunque no por ellos menos probable. No sé. Con los delfines vuelve a ocurrir lo mismo, en esta ocasión los augurios son positivos y a esa idea pretendo aferrarme. Habla mejor del entorno y sobre todo me dice que tal vez exista una buena comunicación consciente-subconsciente, un buen entendimiento. Quizá sea una estupidez, pero uno piensa que tal y como está el patio no es mal asunto aferrarse a las pequeñas cosas mínimamente positivas; y los delfines, salvo que estén fuera del agua, se asocian a la suerte...
Así habló Il Estatore, de nuevo sobre sueños y demás misticismos.
